En verano y en época de vacaciones, ¿Quién no ha tenido su día o días de tapeo, cañitas que se han prolongado más de lo esperado, suculentos aperitivos, cócteles…? Y ahora, las consecuencias de tales excesos: hinchazón abdominal, kilos de más, desorden en la alimentación, dolores articulares y otras muchas no tan agradables como antes y de los que ahora nos tenemos que ocupar. Por ello, es necesario retomar cuanto antes  la rutina y los buenos hábitos alimentarios.
El hecho de verte más hinchado y con más peso del habitual no son excusas para adoptar decisiones que pueden ser contraproducentes para ti. Debes comenzar cuanto antes a hacer un cambio gradual en tu alimentación y en tus hábitos, es decir, de tipos de alimentos, de frecuencia de consumo, de horario de comidas y formas de comer para que el cambio de menú de verano al de invierno no sea traumático. Perder peso

Aquí te proponemos unos consejos que pueden ayudarte en esta tarea:

  1. Ir eliminando alimentos con muchas calorías o aquellos de menor calidad nutricional y reemplazarlos por otros menos calóricos y de mejor calidad nutricional.

Tendremos que ir limitando el consumo de alimentos dulces y azucarados  como deliciosos postres con natas y siropes, chucherías, chocolates, zumos, cereales de desayuno, ciertas bebidas (en especial las de alta graduación alcohólica) y volver a desayunos con lácteos desnatados acompañados de pan tostado con mermelada o con aceite de oliva o queso fresco acompañado de frutos secos, frutas de postre, etc. eso sí, en cantidades normales, es decir, ni raciones excesivas ni muy escasas.

  1. Aunque hayan sido de consumo diario los refrescos y las bebidas alcohólicas de baja graduación, como cerveza y vino, debemos reducir su ingesta. Los refrescos carbonatados tienen demasiadas calorías y producen sensación de hinchazón abdominal y otras molestias y el alcohol no deja de ser un tóxico que nuestro cuerpo debe asimilar con la consecuente “carga de trabajo” para él.

En su lugar debemos reemplazarlas por el agua (recordamos que debemos beber alrededor de 1.5 L de agua), infusiones de hierbas digestivas y depurativas (por ejemplo manzanilla, boldo, cola de caballo, diente de león) o caldos digestivos elaborados con apio, alcachofa, cebolla, coles, etc. Estos contribuirán a la limpieza y depuración del organismo.

  1. Recordar que existen alimentos con fibra. La fibra es alimento para las bacterias de nuestra flora intestinal y, si no tomamos la fibra que debemos, estas bacterias no pueden realizar sus funciones adecuadamente y podemos sufrir trastornos como gases, hinchazón abdominal, flatulencias, y otras complicaciones más severas a nivel intestinal.

Habrá que ir volviendo a tomar de forma diaria verduras y frutas; semanalmente legumbres y frutos secos; procurar tomar los cereales (arroz y pasta) y el pan, integrales.

  1. Stop a la pereza a la hora de preparar los alimentos. De acuerdo que es más cómodo pedir que te preparen una tapa o pedir la típica “comida rápida” a tener que ir tú mismo a comprar y preparar los alimentos.

En esta práctica hay ciertos inconvenientes para la salud como pueden ser que los aperitivos y “comida rápida” por norma general tienen bastantes más calorías puesto que llevan salsas y están fritos, entre otras. Hay recetas de fácil elaboración que no lleva mucho tiempo prepararlas, por ejemplo, pescado con verduras en papillote (al horno), ensaladas  variadas (lechuga, tomate, huevo y maíz), ensalada de legumbres ya cocidas con verduras… Como comer es un placer irás poniendo poco a poco más interés en la preparación de las recetas y disfrutarás mucho más cuando las comas.

  1. Los horarios vuelven a tener su importancia. No es adecuado comer una o dos veces al día, ni estar todo el día picoteando de todo lo que nos pongan delante. Es necesario reestructurarse y ordenar cada comida de acuerdo con la actividad diaria que tengamos, es decir, con nuestra rutina. Habrá que programarse adecuadamente según nuestro trabajo o si tenemos que ir al gimnasio a realizar nuestro ejercicio físico. De este modo, nuestro cuerpo y mente podrán reaccionar y rendir plenamente en cada momento.
  2. Se terminó la vida sedentaria. La ausencia de actividad física hace aumentar el riesgo de padecer los siguientes tipos de enfermedades: cardiacas; propensión a la obesidad, debido a que no se consume la energía que no necesita nuestro organismo; debilitamiento óseo, porque al no haber actividad los huesos pierden fuerza; problemas osteoarticulares y dolores, por ejemplo de espalda; acumulación de grasas y colesterol, grasas que no son requeridas para hacer actividad o que se acumulan en nuestros vasos sanguíneos, lo cual favorece una vez más que aumenten las probabilidades de tener enfermedades cardiacas, entre otros.

El sedentarismo es considerado una plaga de la edad contemporánea y para combatirlo  se debe hacer ejercicio y dieta saludable. Debemos reservar todos los días al menos una hora de deporte (caminar, bailar, entrenamiento en gimnasio…). Estas buenas costumbres favorecerán nuestro bienestar, tanto físico como mental.