Todos conocemos de sobra, aunque sea por oídas, lo que es una hernia. Algunos incluso, la llegamos a sufrir en nuestra vida. Pero, ¿sabías que no tiene por qué impedirte hacer una vida normal?

Comencemos por el principio; la columna vertebral supone el conjunto articular más largo e importante del cuerpo humano. Está formado por vértebras, en concreto 24 (sacro y cóccix son un solo hueso cada uno), que suponen la posibilidad de movimiento más amplia del ser humano. Cada vértebra tiene tres partes el arco vertebral, las apéndices (espinosas y transversa) y el cuerpo vertebral; este último se divide en  núcleo pulposo (se encuentra en el centro de cada vértebra, y es un tejido muy gelatinoso, con gran proporción de agua en su composición y que amortigua y distribuye la presión), el anillo fibroso (que rodea y protege al núcleo, constituido por laminillas de colágeno, siendo los responsables de la movilidad entre una y otra vértebra), y los platillos cartilaginosos (situados entre los discos).

Columna vertebral Imagen de columna vertebral

Todas las vértebras cuentan con una pared articular posterior y anterior. Normalmente, la posterior, fruto de sobresfuerzos prolongados o bruscos (malas posturas, sobrepeso o esfuerzo violento) o por desgaste propio de la edad, se rompe, permitiendo que el núcleo pulposo que contiene la vértebra acceda a lugares que no son muy apropiados, ejerciendo presión en los nervios espinales cercanos (radiculopatía) o en la médula espinal (mielopatía).
En cualquier caso, el dolor se presenta de una manera u otra (muy localizado o no), y causa las primeras reacciones de “hormigueo”, dolor agudo, rigidez en una u otra zona…
Las hernias de disco más comunes son las cervicales y las lumbares; en la zona dorsal es infrecuente toparse con una hernia cuando se examina una radiografía. Vienen asociadas tanto a malas posturas (forma de sentarse en la silla, distancia entre el apoyo de los antebrazos y los hombros, altura del ordenador) como a esfuerzos bruscos e incontrolados (fuertes tracciones y torsiones de columna descontroladas).
La buena noticia es que nuestro cuerpo está preparado para “sujetar” las vértebras. En concreto, de la zona torácica y lumbar se encarga un grupo muscular ampliamente conocido (aunque escasamente trabajado adecuadamente) que es el CORE (o grupo abdominal).
Este grupo muscular se ocupa de distribuir la carga de unos músculos a otros, de aumentar la solidez de la columna y, entre otras cosas, de mantener una postura adecuada.

Por eso, tanto si ya sufrimos esta dolencia como si queremos prevenir su aparición (ojo, la edad es un factor relevante) debemos prestar especial atención a este grupo muscular, trabajándolo adecuadamente, tanto en tiempo (15 minutos al día pueden dar un gran resultado) como en forma (selección de los ejercicios más adecuados). Si lo hacemos, no sólo estaremos retrasando la aparición de la hernia sino que podremos desarrollar una vida plena sin apenas limitaciones.